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divendres, de setembre 24, 2004

Bloqueo lingüístico 

Para algunos Catalunya tendría que aceptar como hecho consumado los resultados de la política franquista de exclusión del catalán y de imposición del castellano. Aceptar como una situación natural que muchos catalanes no sepan escribir en su propio idioma y por lo tanto que tengan que pasarse definitivamente al castellano. Aceptar que el catalán es un idioma menor, un dialecto, cuando en realidad durante la mayor parte de la historia catalana ha sido la lengua de Catalunya y el castellano ha sido una lengua venida de fuera y que sólo durante el franquismo a viva fuerza adquirió la oficialidad que hoy se quiere tomar como punto de partida. Y por supuesto, bajo esta óptica las políticas de normalización lingüística serían una aberración. Estas voces proponen una política de bilingüísmo, palabra que no sonaba para nada cuando el catalán era desterrado al uso informal, palabra que no suena en el País Valenciano, en el País Balear o en la Catalunya Norte, donde las políticas de normalización son "voluntarias", o simplemente brillan por su ausencia.

En esta postura coinciden las izquierdas como los medios llamados "liberales". No tengo muchos problemas con estos últimos, de hecho simpatizo con la apertura que traen. Sin embargo, por alguna razón los que se autodenominan liberales en el estado español son masivamente subsidiarios del nacionalismo español. Los "nacionalistas" son los otros, ellos no.

Un esfuerzo por sistematizar los argumentos lo tenemos recientemente en el profesor de Ética y Economía, Félix Ovejero Lucas, en un artículo publicado en EL PAÍS Opinión - 14-07-2004.
Nos da tres argumentos:

1. Nos habla de "discriminación positiva del catalán en nombre de la igualdad", aunque no nos dice quién plantea algo así. Se remonta a los programas de acción afirmativa surgidos en EEUU en los sesenta para combatir la discriminación por razones de raza o género, para luego decirnos que esta comparación (que él mismo hace) no es pertinente. Finalmente nos dice que los hablantes de lengua catalana no son discriminados, sino todo lo contrario. Su evidencia: en el Parlament los García, Pérez y González no llegan al 9% de los diputados.

Este intelectual de izquierdas va confundido. El mejor ejemplo que se le ha podido ocurrir no es pertinente al tema. Una cosa es el orígen que uno tenga y otra es la lengua que uno hable. Uno puede llamarse López y ser catalano-hablante o llamarse Borrell y ser castellano-hablante. ¿Y?. A lo que él se refiere es a un tema de clase social o de orígen étnico, no de lengua. Yo le propondría tanto a él como a cualquiera que afirme que el catalán no es una lengua discriminada, que intente vivir un día completo en catalán. Que vaya a comprar en catalán y que cuando le pidan que repita lo que acaba de decir pero en castellano, que siga hablando en catalán. Veremos cuál es el resultado.

2. Califica de conservacionista, cual si se tratara de osos panda o de ballenas azules, la preocupación por el futuro de la lengua catalana.
En el fondo, este punto de vista asume que lo que importa no son los
individuos, sino las lenguas. Los primeros estarían al servicio de la
preservación de las segundas. Justo lo contrario de lo que sostienen las teorías éticas más extendidas, para las cuales los que importan -los que sufren, los que aman- son las personas, y las lenguas son las que están a su servicio.

Ocurre que justamente porque los que importan son los individuos es que sus expresiones lingüísticas importan también. Ningún pueblo florece cuando su lengua es marginada y menos aún cuando esta marginación se produce en su propio territorio. Nos pueden contar muchas cosas, lo real es que el castellano se impuso en Catalunya mediante la dictadura, mientras que el catalán es el resultado del retorno de la democracia. Esas personas -las que sufren, las que aman- cuando pueden decir algo y no les tapan la boca dicen mayoritariamente que prefieren al catalán.

3. Ovejero critica también "el supuesto derecho a vivir en la propia lengua".
Si se refiere a la libertad de expresarse en la propia lengua, es un derecho indiscutible. Más complicado es que se refiera a tener asegurados interlocutores para cualquier actividad. Si yo quiero escribir un artículo sobre el efecto túnel y espero que la comunidad científica me haga caso, tendré que hacerlo en
inglés. En todo caso, lo que no parece razonable es que para que yo pueda ejercer ese supuesto derecho se deba obligar a otro a aprender mi lengua. Si tal fuera, nos encontraríamos con un derecho un tanto singular: para que yo pueda ejercerlo se le tiene que negar a otro.(...)En Cataluña, por cierto, ese derecho no le está garantizado a más de la mitad de los catalanes que tienen el castellano como lengua materna.

Bueno, la eleccion de Ovejero de escribir en inglés para que le entiendan sus colegas científicos sociales no es comparable a la situación a la que se refiere. Yo mismo elijo escribir este artículo en castellano, ¿y?. Cuando voy a comprar pan a una panadería en el estado francés no tengo elección: tengo que hablar en francés no importa de dónde provenga. Y por supuesto, porque no es un estado, Catalunya no tiene el derecho, que sí que tiene el estado francés, danés u holandés, de escolarizar a su población en su idioma, el catalán. No son frecuentes los cuestionamientos a estos estados porque imponen a la población propia o inmigrante un idioma que no es el suyo. Lo que es normal en cualquier estado, incluyendo al estado español, es una aberración en Catalunya. En vez de "imponer" el catalán, la política lingüística acaso debería ser voluntaria, aunque sólo con el castellano. Ese modelo, propuesto como alternativa a la normalización, es el que se aplica, por ejemplo, en el País Valenciano gobernado por nacionalistas españoles, con resultados desastrosos para los catalano-hablantes.

El intelectual acaba su artículo criticando a las izquierdas por ser izquierdas nacionalistas. Nos dice incluso "lo que importa":
Por mi parte, tiendo a pensar que en lo que importa, en los modos de vida, las concepciones del mundo que se encuentran en el paseo de Gracia se parecen bastante más a las del barrio de Salamanca o a las de Neguri que a las de Cornellá...

Lo que importa son las clases sociales, no el idioma ("Proletarios de todos los países, uníos"). Un gran problema de los marxistas es que tienen problemas para entender todo lo no pase por el esquema burguesía-proletariado. Sin embargo, Ovejero no se detiene aquí. Nos cuenta a continuación que es desatinado hablar de soberanía.
La convicción de que la lengua proporciona a sus hablantes una comunidad de identidad junto con la tesis de que la existencia de una identidad compartida ("nacional") es el fundamento de la soberanía política, es el núcleo intelectual más reconocible del nacionalismo. No está de más recordar que esta segunda idea no es menos desatinada que la primera. Las mujeres, los jóvenes o los albinos, comparten identidad y, a buen seguro, hasta conciencia de su identidad compartida, pero no por eso constituyen unidades de soberanía.

Desde fuera, un uruguayo puede ser muy similar que un argentino, pero que a nadie se le ocurra sugerirle que su país no debería haber existido. Una de las elecciones que una comunidad puede plantearse es si sigue perteneciendo a un estado o si forma uno propio, uno soberano. ¿Por qué no? ¿A qué vienen entonces las analogías falaces de distraer este punto con "las mujeres, los jóvenes o los albinos"? Por supuesto, a un estado soberano, como el danés o el holandés, nadie podría acusar de "imponer un idioma a sus habitantes". Es muy importante ridiculizar esta idea.

Puej, náa. Este profesor de ética es un peligro público, en especial para sus alumnos. Esperemos que estos últimos tengan la suficiente capacidad crítica y no sean mansas ovejas que se dejan arrear por este falaz Ovejero.

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